Significado

Nada tiene de extraño comprobar que una mascarada como la de Lanchares hunda sus raíces en la antigüedad clásica. A fin de cuentas se trata de celebrar y afrontar cuestiones básicas sobre el hecho de estar vivos: la madurez, las estaciones, la celebración de la vida e incluso la mismísima muerte. Por eso es lógico que ante cuestiones comunes se den respuestas comunes a través del tiempo y en cualquier lugar.

Pero de la misma manera que las mascaradas son una fiesta pegada a la tierra también son hijas de su tiempo.  A fin de cuentas si algo caracteriza a la cultura popular es que aquellos que la asumen la hacen propia y dejan su impronta en ella. Sobre un tronco común va dejando el pueblo sus aportaciones.

Si tratamos de desentrañar el significado más profundo de nuestra zamarronada vemos una celebración del cambio, de la llegada de la primavera y de la luz en la que la naturaleza está muy presente. Los campanos sobre la piel de oveja, los trajes de los montes hechos de roble o de musgo, los oficios y las autoridades todo ello lleno de estruendo y de humor.

Ante representaciones tan primarias es fácil establecer la relación con los disfraces de animales que atestigua el arte paleolítico (bien cerca que tenemos Altamira). Si nos acercamos a la antigüedad clásica también vamos a encontrar fiestas similares en los primeros meses del año. Los pueblos indoeuropeos también celebraban mascaradas de invierno poniendo el acento en el aspecto más bélico y tradicionalmente másculino a la celebración. Si nos acercamos a la Roma clásica las “kalendae” de enero y las “strenae” con su entrega de regalos y disfraces son referencias obligadas. 

Con el transcurso de los años se va configurando lo que a día de hoy conocemos como carnaval y se fija según el calendario cristiano que ya configura los ritos y fiestas de nuestra sociedad actual. Pero el carnaval está dentro de lo que se conoce como fiestas de inversión en la que los roles cambian. En  nuestros zamarrones hay varios ejemplos tanto en lo sexual, mujeres vestidas de hombres y viceversa, como en lo autoritario, gente “del pueblo” haciendo las veces de cura, médico y guardia civil. En este sentido las fiestas de locos o misas de locos medievales son otro de los elementos a sumar. 

Con todos esos ingredientes nos sale este puchero de fiesta y cultura popular. Una fiestas que cambia, suma, incorpora y se recupera justo cuando estaba a punto de desaparecer. Le son propios los elementos relacionados con la actividad productiva (agricultura y ganadería) y se van sumando los personajes que en algún momento cumplen una función social: curas, maestros, médicos y guardia civil. Durante un día se permite la burla, la algarabía (estamos a punto de entrar en la cuaresma) y nada ni nadie se libra de las coplas ni del ruido.

No es una fiesta pagana ni abraza la rectitud católica, es una suma de todo ello. La razón de esta ambivalencia, de esta falta de definición, no es otra que su carácter popular. Es una expresión festiva de la gente y como tal sumará su memoria y su pasado sin dejar de sumergirlo en el presente. Así se mantiene vivo ese sentir colectivo y esa identidad pegada a la tierra.

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